La fidelidad con los modelos de Juan de Flandes es absoluta, pues aún no se aprecian rasgos italianizantes más modernos que se impondrán pocos años después, de ahí que esta pintura se pueda fechar con precisión a partir del establecimiento del flamenco en Palencia y antes del uso de la estampa rafaelesca. Esto sitúa su ejecución en los inicios de la tercera década del siglo XVI. El fondo dorado de la composición no se debe interpretar como un rasgo arcaizante en un momento en el que comenzaba a imponerse la representación de un espacio tangible. Por el contrario, el fondo dorado sigue siendo utilizado en esta época como recurso simbólico para evocar lo celestial y lo divino.
Óleo sobre tabla
Hacia 1520